En el inicio de la campaña gruesa 2025/26, los productores agropecuarios enfrentan una situación que vuelve a repetirse: una cosecha con buenos rindes, pero con resultados económicos comprometidos. Desde la Sociedad Rural de Río Cuarto señalan que el esfuerzo productivo, la incorporación de tecnología y una mejora climática en los últimos meses no alcanzan para compensar un escenario adverso en materia de costos.
Tras un enero marcado por altas temperaturas y falta de lluvias, febrero y marzo trajeron alivio en varias zonas productivas, permitiendo recuperar parcialmente los cultivos. Sin embargo, este repunte en los rindes no se traduce en rentabilidad. La explicación está fuera de los campos: el impacto global de la guerra en Medio Oriente comenzó a presionar con fuerza sobre los insumos clave del sector.
El encarecimiento del petróleo y el gas, insumos centrales en la logística y en la producción de fertilizantes, modificó drásticamente la ecuación económica. En particular, el gas es determinante en la elaboración de urea, uno de los fertilizantes más utilizados a nivel mundial. Gran parte de este insumo proviene del Golfo Pérsico, una región atravesada por tensiones geopolíticas que afectan el comercio internacional.
Según advierten desde el sector, el aumento del combustible superó el 21% desde fines de febrero, mientras que los fertilizantes registraron subas aún mayores. Estos incrementos no estaban contemplados en la planificación de la campaña, lo que dejó a muchos productores con márgenes negativos en plena cosecha.
En este contexto, la decisión del Gobierno de aplicar un “buffer” por 45 días en los precios de los combustibles comercializados por YPF fue recibida con cierto alivio. La medida busca otorgar previsibilidad en un período clave, ya que el mayor consumo del sector se concentra entre abril y junio, durante la cosecha y el traslado de granos.
No obstante, desde la Sociedad Rural advierten que esta herramienta resulta insuficiente frente a un problema estructural. La preocupación ya se proyecta hacia la próxima campaña fina, especialmente por el fuerte incremento en el precio de la urea, insumo esencial para el cultivo de trigo.
Un informe reciente de FADA indica que, en las condiciones actuales, los ingresos obtenidos por la venta de trigo no alcanzan para cubrir costos e impuestos. De mantenerse este escenario, podría registrarse una caída significativa en la superficie sembrada, luego de una campaña récord que impulsó la economía regional y el ingreso de divisas.
La situación no difiere demasiado en el caso de la soja, particularmente en campos arrendados de la zona de Río Cuarto, donde los costos fijos elevan aún más la presión sobre los márgenes.
Ante este panorama, los productores plantean la necesidad de medidas de fondo. Entre ellas, destacan la reducción de retenciones, que siguen representando una carga importante para el sector. Actualmente, la soja tributa un 24%, sus subproductos un 22,5%, el trigo y la cebada un 7,5%, el maíz y el sorgo un 8,5%, y el girasol un 4,5%.
Desde la entidad rural sostienen que, así como el contexto internacional obligó a tomar decisiones para amortiguar el impacto en los combustibles, también se requiere una reacción inmediata para evitar un retroceso en la producción agrícola.
El campo vuelve a quedar en el centro de una tensión conocida: producir más no siempre significa ganar más. Y en este nuevo ciclo, la incertidumbre vuelve a instalarse en uno de los motores clave de la economía argentina.